QUIENES SOMOS

Casa del Alfarero es una organización Cristo céntrica fundada por dos guatemaltecas que fueron inspiradas a tomar acción a través de su experiencia, trabajando con la extrema pobreza en el Relleno Sanitario de la zona 3 en la ciudad de Guatemala. Por más de 31 años hemos caminado junto a las familias y comunidades en pobreza para desarrollar relaciones a largo plazo y centros comunitarios. A diferencia de las organizaciones que se ocupan simplemente de la pobreza económica o física, buscamos el desarrollo integral a través de cinco programas dentro de nuestros centros comunitarios: Desarrollo Familiar, Educación, Salud y Nutrición, Micro-Empresa y Desarrollo Comunitario. De una transformación física y mental a una transformación espiritual, queremos empoderar a las personas en pobreza en todo Guatemala y realizar cambios significativos en sus vidas y sus comunidades.

NUESTRA META

En Casa del Alfarero, medimos el éxito en términos de relaciones, no solamente con números y estadísticas. Nuestra meta es ver a los guatemaltecos tener relaciones saludables con otros y más importante, una relación saludable con Dios.

VISIÓN

Que cada niño y joven beneficiado a través de su relación personal con Dios, alcance el grado de madurez para continuar su desarrollo integral y contribuya a combatir la pobreza, siendo influencia en su propia familia, comunidad y nación.

MISIÓN

Casa del Alfarero es una organización Cristo-Céntrica, que a través de promover una relación personal con Dios por medio de Jesucristo y programas de desarrollo integral, combate la pobreza en Guatemala con énfasis en la niñez y juventud en riesgo.

Creemos:

  1. Que las Sagradas Escrituras del Antiguo y Nuevo Testamento son la Palabra de Dios- inspirada, infalible, y autoritativa en cuanto a doctrina y conducta. 2 Ti 3:16.
  2. Que hay un solo Dios, quien existe eternamente en tres Personas: El Padre, El Hijo y el Espíritu Santo. Dt 6:4; Mt 28:19.
  3. En Jesucristo, Dios encarnado—tanto Dios como hombre, en Su nacimiento virginal, en Su vida sin pecado, en Sus milagros, en Su muerte por crucifixión, en Su resurrección corporal, en Su ascensión a la diestra del Padre, y en Su regreso personal en poder y gloria.  Jn 1:1-­‐14, Fil 2:8, Lc 1:35, Heb 4:15, Lc 24:1-­‐9, Hch 1:9-­‐11.
  4. Que el hombre fue creado a la imagen de Dios, y aunque fue creado sin pecado, el hombre cayó en pecado y por lo tanto, está en la necesidad de la justificación, de la redención y de la regeneración por el Espíritu Santo. Gn 1:26, Ro 5:12.
  5. Que Dios envió a su hijo Jesucristo para rescatar al hombre del pecado, de la muerte y de la condenación, y que Él cumplió el plan de salvación de Dios a través de su muerte vicaria¹ y expiatoria² en la cruz y su resurrección. Esta salvación está disponible por gracia a todo aquel que ponga su fe en nuestro Señor Jesucristo y en su obra redentora. Jn 3:16, Ro 3:21-24, Ef 2:8-9
  6. ¹ “vicaria” significa “en sustitución del pecador”
    ² “expiatoria” significa “que Su sacrificio satisfizo la justicia de Dios que establece que: …sin derramamiento de
    sangre no hay perdón de pecados. Hebreos 9:22

  7. Que Satanás existe y continúa promoviendo el mal y oponiéndose a los propósitos de Dios. Sin embargo, Jesucristo, por su muerte y resurrección, ha triunfado sobre Satanás y ha asegurado su destrucción final. Is 14:12-­‐15, Ez 28, Ap 20:10.
  8. En el ministerio del Espíritu Santo por el cual se da certeza al cristiano de su salvación y es capacitado para vivir una vida santa. Jn 14, 15 y 16, Jn 10:27-­‐30, Ro 8:37-­‐39, 1 P 1:3-­‐5.
  9. En la resurrección de los salvos y los perdidos; los salvos a la resurrección de vida y los perdidos a la resurrección de condenación.    Jn 3:18, Jn  5:24-­‐29, Ro 6:23, Ap 20:11-­‐15.
  10. En la unidad de los que han puesto su fe en nuestro Señor Jesucristo. 1 Co 12:12-­‐13.